sábado, 14 de enero de 2012

Mi nueva vida: Despedida y primeros días

¡¡Hola!! He vuelto para quedarme. Hace días que llevan diciéndome que haga un blog contando mi día a día en Madrid y la verdad es que no estaría nada mal, aunque podría haberlo pensado antes y no tendría que hacer ahora un resumen de estos cuatro meses. Tenía pensado crear uno nuevo y, de hecho, lo hice, pero he encontrado más oportuno seguir con este y no liaros con tanto blog. Eso sí, he decidido cambiarle el nombre porque el otro sonaba un poco "cursi" (contigo al infinito) y nadie me tomaría en serio. 

Muchos fijo que os preguntaréis que a qué viene este nuevo nombre y qué significará... pues es muy fácil. Yo no os voy a dar la respuesta, pero sí una pista. La solución la tiene Risto Mejide en su libro "Que la muerte te acompañe". Si lo tienes puedes ir a la página 206 y leerte ese capítulo, después lo entenderás todo; de lo contrario... te quedarás con la curiosidad, aunque voy a decirte que va sobre la vida, las naranjas y los limones.

Supongo que ahora me toca hacer ese resumen nombrado anteriormente, aunque más o menos ya lo hice en mi otro blog (http://midiarioperiodistico.blogspot.com), pero ahora me pararé más en los detalles. Creo que lo mejor será hacer entradas diferentes para cada experiencia, así que esta irá dedicada a la despedida y a mis primeros días por la capital.

Bien, pues... empecemos. Me imagino que ya deberéis saberos mi llegada a Madrid de pe a pa de la de veces que la he repetido, pero me da que os va a tocar tragárosla una vez más con pequeños matices.

31 de agosto de 2011 en Palma de Mallorca a las... bueno, eso no importa, era por la mañana. Había dormido fatal y muy poco, no había parado de llorar en todo el día anterior y fue abrir los ojos y derramar la primera lágrima del 31. Siempre había deseado que llegase ese momento, pero cuando lo tienes tan cerca... le temes. Temes irte esperanzada y que todo salga mal, le temes al destino porque es muy caprichoso, le temes a tu nueva vida, a tu nuevo hogar, a tus nuevas compañeras de piso, a todo. Quieras o no, dejar toda tu vida atrás es muy duro, pero a veces hay que tomar decisiones importantes y esa era una de ellas. Era MI decisión, nadie me obligaba a coger las cosas e irme, así que era la primera que tenía que aparentar estar bien, aunque por dentro no pudiese estar peor. Me costó despedirme de mi perro, de mi casa, de mis amigos y, por último, pero los más importantes, MI FAMILIA. Me destrozó verles llorar, pensar que no iba a verles hasta dentro de... algunos días, porque a la semana volví de mini-vacaciones, pero nunca había estado tanto tiempo sin ellos. Odio las despedidas y más si son para largo. Después de eso, tuve que ir a la puerta de embarque, bla, bla, bla, coger el avión y todo lo que conlleva. Mil recuerdos se me pasaban por la cabeza y otras mil lágrimas se deslizaban por mis mejillas. Durísimo.

Aterricé en Madrid como quien se va de viaje, pues no había asumido aún que iba a vivir ahí. Después de un rato esperando las maletas, coincidir con gente conocida en el mismo vuelo y perderme por el aeropuerto, conseguí llegar hasta el metro. Mi primera inocentada (de la que me di cuenta una hora y pico después) fue coger un billete de 10 viajes y que luego me dijesen que ese sólo valía para la zona centro, no para la sur, que era donde se hallaba mi nueva casa. Así que tuve que coger otro bono para mi zona y, después de muchos trasbordos, salí por la boca de metro donde me esperaba una de mis compañeras de piso (Elsy) con su padre. A partir de ahí, estuve mucho más tranquila porque ya no estaba sola. Fuimos en coche hasta la Bolsa de Vivienda Joven para arreglar todos los papeles y que nos diesen las llaves del piso y allí fue donde nos encontramos con Chana (mi otra compi) y su padre. Luego fuimos a comer a IKEA, a comprar muebles y, por útlimo, a casa, que había que limpiarla. Del día de después cabe destacar la presentación en la uni, que fue genial y conocí a la gente con la que ahora comparto mis historias. Aparte de eso, los días posteriores fueron un poco de rutina, siempre limpiando, haciéndonos un poco con la zona, comprando cosas que nos faltaban y muchas risas.

Los primeros días de clase me encantaron. Me moría de ganas por que fueran las tres de la tarde y encontrarme con toda esa cantidad de gente nueva. Las clases estaban bastante bien y en seguida supe que esa doble carrera estaba hecha para mí. De los profesores... mejor no hablo. Odio que, después de cuatro meses impartiéndonos clase, no se supiesen ni mi nombre, aunque supongo que es algo normal. 

Aparte de la uni y destacando la Fashion Night Out de Vogue, recuerdo poca cosa más de septiembre, así que me temo que esta entrada acaba aquí.

P.D: No sé si vais a pararos a leer tooooodo lo que escriba por aquí, pero lo utilizaré en modo de diario personal y quien quiera leerme está en todo su derecho. ¡Muá y muchas gracias!